Es ahora cuando sé qué es lo que quiero vivir.
Es, precisamente ahora, cuando tengo todo lo que necesito para tener claras las cosas.
Que son una media de 22.630 días los que me quedan de vida, y cuando llegue al último, lo único que quiero pensar es que he disfrutado. Que he disfrutado al máximo y todo cuanto me ha apetecido disfrutar en cada momento. Que he sabido cómo dejar de lado todas las indirectas y cómo solucionar las directas. Que he dejado que estén a mi lado quienes han querido estar, y que, por circunstancias de la vida, se han marchado quienes no querían permanecer ahí. Quiero poder pensar que he dejado libertad a mi alrededor, que me habrán sustituido y yo no lo habré hecho. Y que seré grande por saber las cosas que sé, por aprender y por cuidar sólo lo importante. Voy a encargarme de quienes necesito, aunque son pocos. Y, además, cuando llegue mi último día, habré hecho miles de regalos, habré pasado alrededor de 80 primaveras con sus 80 navidades, habré llorado como para llenar un cazo y habré reído tantísimo, que sólo el de la sonrisa será mi músculo más desarrollado.
Que sé, que para cuando hayan pasado esos 22.630 días, habré visto romper a unas 30 parejas de las verdaderas, o quizás no tan verdaderas; y sé, que habré querido morir unas 300 veces -siendo optimista- y posiblemente, habré tenido que cambiar unas 10.000 veces mis planes de vida. Pero, por encima de todo eso, sé que por cada pareja que se rompe, yo aprendo a hacerlo mejor; sé que detrás de cada 300 veces que haya querido morir, habrán otras 300 veces que las ganas ganas de vivir me habrán dicho que me equivocaba; y que después de esas 10.000 veces, habré aprendido que improvisar es mejor que pensar, que la vida sin planear merece realmente la pena.
Voy a tomarme esto como una sonrisa. Sonreír sale sin más, sale cuando te encuentras con alguien del pasado. Cuando finges, también sale, quieras o no, es lo primero a lo que recurres. La sonrisa nunca te falla, forma parte de ti, es tu identidad. A las personas que se van se les recuerda sonriendo y te sacan tu sonrisa al hacerlo. Uno nunca se queda con las ganas de sonreír.
Así que, así quiero que sea mi vida, como una sonrisa, porque la vida nunca te falla y porque no, no voy a quedarme con las ganas de vivirla. Moriré sabiendo que sé disfrutar.
PD. Me he dejado lo más importante para el final: eres lo único que podría hacerme sonreír de la manera que me hace vivir. Que sólo me importa vivir contigo.